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  • Anecdotario
    Malos augurios para La Calesera

    Trabajaban una tarde el maestro Alonso y el libretista Emilio González del Castillo sobre la partitura de La Calesera.  Este último, sin darse cuenta, volcó el tintero sobre la partitura. El maestro con la superstición propia del artista y del andaluz, quedó aterrado: ¡Tinta sobre la obra que está a punto de estrenarse!

    El maestro sin perder un  minuto aplica el remedio pertinente: echar agua a la calle para conjurar el inminente desastre. Arrojó un jarro de agua a la calle donde vivía en aquella época, la de Recoletos. A los pocos minutos suene el timpre de la casa, abren y encuentra a un guardia que dice: "Esta no es hora de regar los tiestos, y menos con un cubo de agua". El municipal reconoce al maestro Alonso y es informado de la causa de aquel riego intespestivo. El guardia también con su vena supersticiosa lo comprende y lo disculpa: "En casa yo hubiera hecho lo mismo maestro...".

    El remedio fue efectivo y conjuró el peligro. La Calesera tuvo un éxito apoteósico: el día del estreno se repitiçó prácticamente entera, el pasacalle de "Los Chisperos" mereció hasta cinco bises, la representación terminó a las 2 de la mañana, y el maestro Alonso fue llevado a hombros desde el teatro hasta su casa (PV).

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    Entrenerse demasiado

    La cordialidad del maestro Alonso era tal que en la calle se detenía con todos los conocidos. Y se retrasaba, claro. Decían que era ése. su único defecto. Se cuenta que un empresario le citó un día en  el Círculo de Autores. Al llegar, le dijo al conserje:
    - Vendrá el maestro Alonso. Le aguardo en la biblioteca. A ver si me da tiempo para leer las obras completas de Adolfo Torrado.
     

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    El primer dinero
    En entrevista con Alfonso del Vall, en la que también estaba presente la vedete Maruja Boldoba, el maestro Alonso declaraba al periodista que La niña de los cantares fue la primera obra que le dio dinero-
    - Ganaría usted un dineral, maestro - preguntó Maruja Boldoba.
    - ¡Oh, sí, Marujita! En total, unas ciento cuarenta pesetas. Entonces se pagaba a tres duros el acto.

    ¡Menos de un euro!, añadimos nosotros. Claro que hay que tener en cuenta que la obra se estrenó en Granada en 1905.

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    Entusiasmo valenciano

    Ocurrió durante el estreno en Valencia de la revista Las de los ojos en blanco. Venía precedido de un gran éxito en Madrid (se había esternado el 31 de octubre de 1934 en el Teatro Martín). En Valencia fue también un gran éxito y el pasodoble "Horchatera valenciana" gustó muy especialmente y fue repetido hasta tres veces. En una de las salidas y entradas de estas repeticiones el maestro Alonso encontró en el lugar de su atril ... ¡un naranjo entero con sus raíces y sus naranjas!. (PV))

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    Los estrenos y la familia

    Tiene el maestro Alonso poco más de 30 años. Es novio de Julia de la Joya, una joven fina y guapa, almeriense de Berja, con la que se casará. Julia está en Madrid con sus padres, ha venido a ver a su novio. El maestro va a estrenar Federico el Grande, una zarzuela. Él, como siempre, está al frente de la orquesta. La obra no gusta y acaba en un estrepitoso pateo, probablemente el único que oyó en su vida en una obra suya. La amargura del compositor es doble: el fracaso de la obra y el que haya tenido lugar ante su novia. Desde entonces, en recuerdo de aquel mal rato y con un punto de superstición, adopta una norma que no romperá en toda su vida: jamás llevará a un estreno a su familia. También con el tiempo acostumbraa dar nombre femenino a sus obras y efectivamente son éstas las que le dan los grandes éxitos. (PV)

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    Ventajas de la popularidad
    La popularidad del maestro Alonso era muy grande y, como consecuencia, recibí muchas cartas de sus paisanos y admiradores. Sabedores de que se había hecho una casa de verano en San Lorenzo de El Escorial, en la sierra, a unos 50 Km. de Madrid, pero ignorando las señas. alguien le envió una carta con este verso como toda direcciób:

          Maestro Francisco Alonso.
          Es un músico genial
          que vive en El Escorial:
          ¡Búsquele, señor cartero".  (PV)

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     ¡De toros, ni hablar!

    El maestro Alonso se encontraba en los toros una tarde y como suele ser normal en las corridas, comentaba y criticaba en voz alta los lances de la lidia. Le escuchaban los espectadores que le rodeaban entre los que se encontraba un aficionado que desde el principio le había reconocido lo cual no era extraño dada su gran popularidad en aquel Madrid, aún sin televisión ni revistas del corazón. El maestro aunque le gustaban e inspiraban los toros no era un entendido, y tanto criticaba, y se equivocaba, que el aficionado se volvió y le espetó: “¡Maestro, de música bien..., pero de toros ni idea!”. (PV)

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    ¡Por la puerta grande!

    El maestro Alonso no era hombre arrojado que disfrutase poniéndose delante de un toro o una vaquilla en festivales benéficos en los que solían participar figuras conocidas. Sin embargo en cierta ocasión fue sacado a hombros por la puerta grande como el mejor de los toreros tras una tarde triunfal.

    Sucedió en la plaza de toros de Alicante en las fiestas de San Juan. Acababa de componer un pasodoble que había gustado mucho llamado “La Festa del Poble” y que interpretaban las muchas bandas de la región. Se organizó en la plaza de toros un concurso de bandas que reunió a 36 bandas y cerca de 1.500 músicos. 

    El maestro Alonso dirige el pasodoble que tocan todas las bandas al unísono repitiendolo una y otra vez ya que el público no se cansaba de oirlo con la belleza y majestuosidad que adquiría en tan impresionante interpretación. 

    Al final, en medio de un gran entusiasmo todos, músicos, público.., le cogen en hombros, de dan dos vueltas al ruedo en medio de una gran ovación y ... le sacan por la puerta grande.

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    “Vale por un pasodoble”

     En cierta ocasión en la plaza de toros de Madrid se encontraba el maestro Alonso ocupando una localidad de barrera. Toreaba Nicanor Villalta que le reconoció entre el público y le brindó uno de sus toros “¡Va por Usted maestro!” dijo lanzándole la montera. El maestro al acabar la faena, que fue buena, se la devolvió con una nota dentro en la que había escrito: “Vale por un pasodoble”.

     

    Y así fue, el maestro Alonso le compuso un pasodoble muy garboso llamado “El Maño Torero”.

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    El oído de la jaca del maestro

    En su juventud siendo precoz director, desde los 16 años, de la banda de música de la fábrica de pólvoras de El Fargue de Granada, subía todas las tardes en una jaca negra llamada Diamante a dicha fábrica para llevar a cabo los ensayos. Gustaba de detenerse en el almacén de juguetes de su gran amigo Juan, Juanico, Casares en la plaza de Bibarrambla. Salía Juan de la tienda y charlaban un rato. 

    Una de esas tardes en la que Juanico está muy atareado y no sale de la tienda, el joven compositor tuvo la ocurrencia de entrar con su jaca en la juguetería y a punto estuvieron de venirse abajo juguetes y chucherías. Apaciguó a su amigo: “Tranquilo Juan, la jaca no es nerviosa”. Charlan un rato, y admirado Juan por el buen comportamiento del animal le ofrece unos terrones de azúcar. Diamante los olfatea pero no los prueba. “¿Pero es que no le gusta el azúcar?”. Claro que si -responde Francisco Alonso- pero como jaca que es del director de una banda de música no come sino escucha alguna música” Juan Casares lo pone a prueba: busca un acordeón con el que toca unos compases. Diamante inmediatamente se come el azúcar ante en asombro del juguetero.

     

    Juan Casares, gran amigo del compositor, que se presentaba, incluso en sus tarjetas de visita, como “Cónsul alonsista en Granada” contó esta anécdota años mas tarde en un banquete-homenaje al maestro Alonso en el Círculo de Empresarios de Granada tras el estreno de la zarzuela La Calesera.

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    El Palmar, en la Albufera valenciana

    Sucedió en Valencia donde el maestro Alonso era muy querido. Una tarde le invitaron a pasear en barca por la Albufera. El día era algo tenebroso, con nubes negras, cerrado y oscuro. Montaron en las barcas características de la Albufera, largas, casi negras, de fondo plano e impulsadas por una pértiga. En el fondo de la barca todavía se removían una anguilas recién pescadas que producen una desagradable y casi tétrica sensación al maestro. Los campesinos de la Albufera con sus blusones típicos de color negro, accionaban la pértiga en silencio, en ese silencio impresionante que solo reina en la Albufera. La escena era cuanto menos inquietante. Rompe el silencio el perchero para decir señalando un canal: “Por aquí vamos a Palmar”. Exclama el maestro “¡Eso ya lo estaba yo viendo venir, que íbamos a palmar todos...!”  

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